¿Por quĂ© quiero vivir en una autocaravana y llevar una vida nĂ³mada? Para entender el presente hay que conocer el pasado. Yo (Romana) no salgo de una familia aficionada a las autocaravanas ni furgonetas camper y casi nadie de mi familia entiende esta pasiĂ³n.
Mi infancia y las cabañas en los Ă¡rboles
Desde muy temprana edad recuerdo que me hacĂa muy feliz jugar en los bosques de los Bajos Tatras (Eslovaquia). Mi padre estaba siempre ocupado en la construcciĂ³n de nuestra enorme casa y siempre usaba mucha madera. Entonces tenĂa acceso a esta madera, herramientas y clavos y me lo llevaba al bosques donde junto con mis amigos de edades entre 7 y 10 años construimos casitas de madera encima de los Ă¡rboles. A veces era mucha altura, pero en aquella Ă©poca hemos sido unos niños bastante Ă¡giles y no recuerdo caer nunca del Ă¡rbol đŸ™‚ .
Cuando hemos acabado las casitas encima de los Ă¡rboles, soñaba como era dormir allĂ, en los bosques, dĂ³nde por las noches se puede contemplar las estrellas y escuchar los bĂºhos, observar otros animales y por la mañana despertar con los pajaritos. Era demasiado pequeña para que mis padres me dejaran dormir allĂ đŸ™‚ , claro… Pero no dejaba de soñar sobre esto.
La llamada de la libertad
La llamada de la libertad ya estaba muy arraigada en mi naturaleza desde pequeña. Animaba a mis padres para hacer barbacoas en el bosque, pero mi madre y mi padre (madre profesora y padre ingeniero) siempre me decĂan que tenemos que comer bien; tres raciones saludables en medio del dĂa, tener agua para lavar las manos… y que una salchicha no es una comida saludable para un niño.
SĂ, mis padres son personas muy estructuradas… Pero a mĂ me importaba mĂ¡s la aventura de hacer fuego, jugar en el rĂo… correr por el campo. No me importaba que el sĂ¡bado o domingo no me voy a alimentar con la comida mĂ¡s saludable del mundo.
Sueños rotos
Cuando era pequeña Soñaba que mis padres me compraran una tienda de campaña y ellos no querĂan. DecĂan que era algo inĂºtil y que no lo disfrutarĂamos y la tienda de campaña terminarĂa abandonada en el Ă¡tico junto con otros trastos…
Nuestros viajes en familia eran limitados y cortos, viajĂ¡bamos a la casa de mi abuela que vivĂa cerca de BanskĂ¡ Å tiavnica (unos 63 kilĂ³metros de mi casa). De vez en cuando encontrĂ¡bamos alguna caravana por la carretera y ese era el Ăºnico vehĂculo que me ha llamado la atenciĂ³n, junto tambiĂ©n con las motos.
En el instituto tengo un recuerdo muy presente en la clase de inglĂ©s, cuando nuestra profesora explicaba que hay paĂses donde la gente vive en vehĂculos vivienda, como por ejemplo en Estados Unidos. Mi profesora lo comentaba con desprecio. Creo que la sociedad eslovaca en aquellos momentos no entendĂa que se pudiera vivir de una manera diferente…
EscogĂ estudiar ciencias naturales en la universidad y he terminado mis estudios con muy buenos resultados. He hecho feliz a toda mi familia… Esperaban que tuviera una carrera brillante, un trabajo limpio y prestigioso y una vida estable. Sin embargo lo que yo hice fue marcharme a España con muy poco dinero y dejĂ© tristes a mis padres en Eslovaquia.
Me fui a vivir a España
Cuando me fui a vivir a España yo ya conocĂa a Pablo desde hacĂa 1 año… y aunque mi nivel de castellano no era excelente, lo que entendĂa durante nuestros paseos por la Costa Brava era cuando Pablo me enseĂ±Ă³ una autocaravana y me dijo que eso era su sueño y que un dĂa viajarĂamos por el mundo con un vehĂculo como ese.
Desde ese momento entendĂ que yo y Pablo estamos hecho el uno para el otro. Pablo tampoco viene de una familia con tradiciĂ³n autocaravanista. Pero esto ya es su historia… Agradezco a mis padres por darme una vida estable, una educaciĂ³n maravillosa y una dieta saludable, una gran casa y un hogar, asĂ como una educaciĂ³n muy estricta. Actualmente tengo una relaciĂ³n perfecta con ellos y les llamo casi todos los dĂas y les quiero muchĂsimo!!! Sin embargo, ahora soy adulta y entiendo que una persona solo puede ser feliz cuando empieza a cumplir sus propios sueños.










