Familia Bereber Marruecos

Las despedidas nunca son fáciles. Pero la aventura deja de serla si uno se queda en el mismo lugar por mucho tiempo y haciendo lo mismo. Nuestro amigo Hassan nos lleva a la ciudad de Erfoud. Antes de tomar el autobús, tenemos 2 horas libres así que vamos a explorar el mercado local.

A partir de ahora no tenemos ninguna reserva de hotel. La adrenalina aumenta en la sangre cuando se acerca la noche en un lugar desconocido y, no sabemos donde vamos a dormir 🙂 . No somos naífs y ahora ya entendemos que la mayoría de la gente que se nos acerca nos quiere vender algo o meternos en una tienda con alfombras y otros artículos. Andamos por el mercado y se acera un chico que se presenta como Ahmed. Dice que se dirige en la misma dirección y que podemos visitar la tienda de su amigo. En el tiempo que llevamos en Marruecos, hemos aprendido dos cosas.

  1. Quieras o no, acabas metido en una tienda.
  2. Casi cada lugar que parece una exposición o museo al final se acaba transformando en un comercio.

En la tienda del amigo de Ahmed nos intentan vender algún artículo de su amplia oferta. Finalmente no compramos nada, pero Ahmed se alegra porque hemos aceptado una oferta para hospedarnos en el hotel de su familia en la siguiente ciudad a la que viajamos. No sabemos en que condiciones está el hotel, solo tenemos un papel con la dirección donde vamos a dormir esta noche. Lo pasamos bien con ellos, tomamos té (ellos lo llaman whisky bereber), tocaron los tambores…  La diversión espontánea comienza en la tienda. Tal vez en el té han mezclado algo? 🙂


Se acerca la hora de tomar el autobús hacía Tinerhir. En el autobús viaja un grupo de mujeres que están sentadas detrás de nosotros. Admiran mi cabello rubio y me dicen algo en lengua bereber, que por supuesto no entiendo. Pensé que tal vez querían que me quitara el pañuelo. Cuando me quité el pañuelo para mostrarles mi cabello, comenzaron a hacer señales para que no me lo quitara. Entendí que para ellos una cosa tan íntima como dejar ver el cabello no me lo pedirían.  El encuentro de diferentes culturas siempre te enseña una nueva visión de la realidad. En la cultura occidental nos gusta mostrar a los que nos rodea todo lo que nos gusta o de lo que estamos orgullosos.

Llegamos a Tinerhir por la tarde.  Uno de los empleados del hotel organiza para nosotros una excursión al día siguiente por las gargantas del Todra y pueblos beduinos. Salimos por la mañana y todo el día estamos disfrutando del senderismo y las hermosas vistas a los fértiles oasis de este lugar tan insólito. Por el camino encontramos a varios pastores y nos paramos a charlar amistosamente.

Más tarde, descansamos en un asentamiento beduino con una familia que nos invitó a tomar té. Al final de la excursión nuestro guía nos llevó a la casa de su amigo.  Nos sentamos en su sala de estar. La madre le la familia me enseña como se hace una alfombra. Pero si hay una cosa en el mundo que no quiero aprender nunca, es hacer alfombras, coser, zurcir, bordar y similares. Lo tengo muy claro. Este tipo de trabajos no son para mí, prefiero incluso cortar leña con mi padre. El hijo habla con Pablo y está averiguando qué nivel tengo de los «trabajos femeninos». Está animando a Pablo para que vaya con el a cazar y yo con su madre podemos cocinar y continuar con al alfombra . No aceptamos su oferta y seguimos nuestro camino a la ciudad para tomar el té y descansar. Una vez más, nos encontramos en un mundo masculino donde no todos están cómodos con mis visitas a la cafetería – tetería.

Volvemos al alojamiento y después de cenar, uno de los empleados que trabaja en la recepción nos anima para ir a la boda de su primo. Dice que no podemos perder la oportunidad! Sinceramente no queremos ir, ya que nos imaginamos una boda como en el mundo occidental. No tenemos la ropa adecuada. Mi peinado no es apropiado. No tengo zapatos…No tenemos ningún regalo, y otras mil cosas que se nos ocurre para ir a una boda. Pero por qué no podemos a veces saltarnos el protocolo? Entonces fuimos a la boda marroquí.
Entramos a la casa del novio y tan pronto como llegamos, nos mostraron dos salas. Nos dicen que una es para los hombres y la otra es para las mujeres. Empiezo a preocuparme un poco. Enseguida tratan de dirigirme a la sala de las mujeres. Veo a unas 20 mujeres en la sala. El anfitrión de la casa me explica un montón de razones por las que debería ir al salón de mujeres. Cuando alguien intenta convencerme de algo que no quiero siempre encuentro alguna razón para no hacerlo. No me convencerán. En Eslovaquia hay un dicho que dice: Cuando quieren cazar al pajarito, le cantan bonito (Keď vtáčka lapajú, pekne mu spievajú).  
Entonces me voy con Pablo a la sala de los hombres y yo soy la única mujer. Todo el mundo me mira. No puedo decir que estas fueran miradas desagradables. Me tratan bien. Bebemos juntos té, comemos algo típico. En la sala de los hombre hay mucha diversión. A veces el ruido y la risa fuerte interrumpe la voz del camarero que siempre viene con la mismas preguntas; te sientes bien aquí en la sala de los hombres? No te gustaría estar más en la sala de las mujeres? Hay mucha diversión ahí, hacen alfombras etc…
No me acuerdo el tiempo que hemos pasado en la sala de los hombres, pero a la quinta vez que venía el camarero para explicarme las ventajas que tiene para mí entrar en la sala de las mujeres, pierdo la paciencia y con Pablo decidimos que nos vamos al hotel. Les agradecemos la hospitalidad y nos despedimos. Vamos a dormir llenos de nuevas emociones.
Por la mañana nos marchamos del hotel. El recepcionista nos intenta convencer para ir otra vez a la boda. Que hoy es un día todavía más divertido. Hoy van a bailar. Las bodas marroquís duran varios días. Seguro tiene que ser divertido aunque también tienen que bailar separados; hombres y mujeres. No, gracias. Respeto sus costumbres así que es mejor marchar en lugar de pasar otro día bailando en la sala de los hombres. Porque a mi no me meten sola en la sala de las mujeres nunca!

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